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domingo, 30 de mayo de 2010

TRAILER DE EBRO 1938 (FULL VERSION)

Gracias a todos/as;)))

viernes, 22 de enero de 2010

¿Tienre razón Roberto Pla?


Por Roberto Pla

El pasado mes de agosto, por intermediación de un amigo común, Rubén García Cebollero me envió su recientemente escrita “Ebro 1938″. Solo el nombre ya da una idea del contenido o el marco de la misma: La Batalla del Ebro durante la Guerra Civil Española. Me hizo mucha ilusión y lo considero un privilegio ya que la obra no salía a la venta hasta el mes de octubre.


Según me cuenta el autor, empezó a investigar la batalla del Ebro en 1998 y una versión anterior de la novela quedó finalista del Premio Planeta en 2004. En internet, el autor mantieneun blog sobre su obra.

Me leí la obra con muchisimo cariño y conseguí acabarla en un tiempo prudencial, pero cuando me planteé escribir este artículo con un comentario de mis impresiones, me quedé atascado. La razón es que la obra no me había gustado. Dicho así parece muy sencillo, lees un libro y te gusta o no te gusta y ya está. Pero a pesar de no haberme gustado, reconozco en el libro varios aspectos muy meritorios y pensé que Rubén merecia una respuesta más elaborada que ‘tu libro no me ha gustado’. Sentí la necesidad de justificarme o al menos de explicarme porque como no soy un crítico literario no tengo ninguna autoridad para hablar ex-catedra, pero como tengo ojos y sesera como cualquiera, puedo razonar lo que digo. Ha pasado el tiempo y el libro no se me ha olvidado. He ido dándole vueltas creo que ya tengo las claves de lo que me ha gustado y lo que no.

Tengo que decir que la obra refleja un monumental trabajo de documentación. Esto es sin duda una cualidad, pero creo que a su vez es un handicap para la obra ya que aquel lector que busca la historia de la novela en lugar la novela de la historia se ve arrollado por un alud de datos, más propios de un libro para eruditos que de una obra de ficción. Una cosa es enmarcar la novela en unos hechos ciertos históricamente y otra escribir un libro de historia.

A fin de reflejar todos los aspectos de la batalla la novela tiene múltiples personajes retratados en escenas breves. Lo malo es que a mi me parecieron tan breves que a mitad de libro aun andaba perdido sobre la identidad de los personajes y en muchas escenas no conseguía ubicarme. Los rápidos cambios de escenario unidos a los excesivos detalles históricos es quizás lo que ha formado mi mala opinion sobre el libro. Entre tanta hojarasca está la historia de Basilio de una ternura y una dureza increible que sin duda es la espina dorsal del libro y acredita por si sola las posibilidades del autor.

En definitiva creo que el problema ha sido mezclar churras con merinas. Si historia, historia, si novela, novela. Contar una historia es sin duda complicado, pero al lector le debe resultar sencillo seguirla. Como en los dibujos, hay un momento para pararse, no descender más en el detalle, no seguir añadiendo adjetivos y dejar el paisaje borroso, como en el retrato fotográfico, para que el lector pueda concentrarse en la historia central del argumento, sin perderse en los detalles, por meritorio que sea haberse tomado el trabajo de recopilarlos.

Según las noticias que me han llegado, el libro ha tenido una buena acogida del público y de la crítica, parece ser, por suerte para el autor, que mi opinión no es compartida. Además se está produciendo una película sobre la batalla del Ebro, en la que Rubén actúa como guionista. Yo desde luego, le deseo el más grande de los éxitos, también soy muy crítico con muchos -casi todos- los libros de Pérez Reverte y mira que bien le va al académico de Cartagena.

OTRA RESEÑA DE EBRO 1938

Por Cristina Monteoliva

¿Se puede saber de ante mano qué batalla será la más decisiva dentro de una guerra? Me lo pregunto ahora pues de cuestiones bélicas tengo poca idea, la verdad. Pero me da la sensación, si pienso en conflictos más o menos recientes, que no, que cualquier batalla es totalmente impredecible y el ganador se verá al final de la misma, nunca antes de lucharla. De esto y otras muchas cosas habla Ebro 1938, la última novela de Rubén García Cebolleroque hoy trataremos.


Verano de 1938. Estamos en plena Guerra Civil Española y los distintos bandos luchan sin cesar por todo el territorio español para ganar terreno al enemigo. Sin embargo, será una la batalla más decisiva, una la que marque el rumbo de la guerra, el color de la victoria. Ésta no es otra que la del Ebro, La Batalla de la Tierra Alta. En este libro encontraréis su historia así como la de todos aquellos que la protagonizaron.


Imagino que no tiene que ser nada fácil escribir una novela histórica sobre la Guerra Civil española, un negro periodo de nuestra historia reciente tan exprimido ya por el cine y la literatura. Sin embargo, siempre me sorprendo al encontrar una nueva visión, como la que nos plantea esta novela, un nuevo punto de vista con el que ayudarnos a reconstruir un puzzle con tantas piezas como es éste de la guerra fraticida que separó incluso a familias.


La obra de Rubén García Cebollero trata de forma objetiva, por una parte, una batalla en concreto de esta contienda, la del Ebro, dando todos los datos pertinentes que sin duda su buen trabajo le habrá costado recopilar, hechos fehacientes que nos hablan de una guerra que podría haber ido en un sentido, pero que cambió su rumbo en cierto punto.


Por otro lado, el autor nos ofrece la visión meramente subjetiva de todos aquellos que la vivieron, los sentimientos encontrados que les invadieron, las penurias padecidas, el destino final de cada una de aquellas almas. Es así como nos enfrentamos ante una narración plagada de cartas, canciones, oraciones y poesía, una narración predominantemente lírica, una prosa que quiere a veces convertirse en pura poesía, en la que los propios personajes se convierten en numerosas ocasiones en narradores en primera persona de los pasajes por los que Rubén nos lleva.


Y es que Ebro 1938 no es tan sólo una novela bélica, sino también, y fundamentalmente, una obra de personajes, con nombre y apellidos, con penas, alegrías, esperanzas y desesperanzas; en definitiva, personajes tan reales en el papel como en nuestro mundo. Difícil decantarse por uno o por otro, sabiendo que son todos tan protagonistas de esta historia, su historia: están Basilio, el viudo que le escribe cartas de amor a su difunta mujer, Berta, con tal emotividad que nos será imposible dejar de conmovernos tras la lectura de sus misivas; Maik, el camillero de ambulancia americano que se enamora de Carmela, la joven y simpática bibliotecaria prima de Basilio; Pablo Uriguen, el vasco que no volverá nunca más a pescar; Roque Esparza, el maño que se nos hace tan cercano al expresarse como lo hace; Pedro Hernández, el murciano nadador que acabará hospitalizado… Todos y cada uno son indispensables, todos ellos se merecen el sentido homenaje que Ebro 1938 les brinda, que Rubén García Cebollero les ofrece a ellos, pero también a nosotros, hijos de la democracia que no debemos olvidar que hubo un tiempo en que las cosas no eran tan fáciles como lo son ahora, que España lucho y ganó un bando, pero que también podría haber ganado el otro; pues cuando se va a la guerra, todos esperan ser los vencedores y lo cierto es que todos, como seres humanos pierden mucho más de lo que pudieran imaginar en un principio.


Toda batalla es mala, digan lo que digan los políticos que las fomentan. Las guerras siempre conllevan muerte, destrucción, un sufrimiento innecesario para todos los combatientes y sus familias. No me cansaré de decir que el ser humano necesita aprender del pasado para no repetir los errores en el futuro. Leer Ebro 1938 es una buena forma de empezar.


BACKSTAGE EBRO 1938





EBRO 1938

Por Silvia Bardaji

Ebro 1938 La Batalla de la Tierra Alta de Rubén García Cebollero nos narra uno de los conflictos militares más sangrientos y largos de la Guerra Civil Española. La batalla tuvo lugar en la zona occidental de la provincia de Tarragona (Terra Alta) y la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza)y se desarrollo desde el 25 de Julio hasta el 16 de Noviembre de 1938.

Los protagonistas principales de Ebro 1938 serán Roque Esparza originario de Angües que contará muchas anécdotas de su pueblo natal y de sus fiestas mayores, Pablo Uriguen de San Sebastían, que entre el hambre y la sed de la que será víctima frecuentemente evocará la comida típica vasca y Basilio Perich procedente del municipio de la Garriga que escribirá desconsolamente cartas sin destino a Berta,su esposa y a César su hijo que serán sepultados por una nefasta bomba. Maik, un conductor de ambulancias inglés, y Carmela, bibliotecaria catalana, protagonizarán una bella historia de amor fugaz una de tantas durante la Guerra Civil Española.

Ebro 1938 La Batalla de la Tierra Alta nos recrea...

de manera muy veraz situaciones vividas por los soldados rasos dentro de las trincheras. Sus conversaciones podrían considerarse atípicas, ya que tienen lugar mientrás excavan los parapetos utilizados para salvaguardarse de los proyectiles lanzados por el bando contrario. Discusiones acerca de cual es la mejor o peor marca de coche de la epoca, sobre cine o mujeres... en definitiva charlas que podrían darse en cualquier bar en circunstancias de paz. Muchos de estos reclutas sin apenas formación académica fueron conscientes del daño que producía esta fatídica guerra y sus consecuencias, eran hombres con una inmensa humanidad, que dieron todo por España y por la República.

Rubén Garcia Cebollero en Ebro 1938 nos ofrece una historia para la reflexión, aunque novelada, de las consecuencias que tuvo la instauración de la segunda república en España y como no se supieron aprovechar ni interpretar los beneficios que de ella se derivaban. El resultado fué el estallido de la Guerra Civil Española y uno de sus episodios más destacados, la Batalla del Ebro. Miéntras ocurría esto en España, Francia, Inglaterra y Rusia llebavan a cabo charlas y negociaciones con las naciones fascistas, Alemania e Italia para evitar un conflicto similar a la Gran Guerra (con escaso exito como todos sabemos.)

Un capítulo entero dedica Rubén García Cebollero en Ebro 1938 a homenajear a las Brigadas Internacionales formadas por hombres con un valor e intrepidez envidiables, que dejaron sus profesiones o trabajos, para desde 53 países diferentes venir a luchar junto a los españoles por la república, por las libertades y por la paz, y lo más importante de todo, para derrocar al fascismo internacional que poco a poco iba ganando terreno.

Ebro 1938 La Batalla de la Tierra Altaes recomendable para todas aquellas personas interesadas en la Guerra Civil Española y sus consecuencias. Es una novela humana y cercana con una buena descripcion de los personajes, sus miedos, inquietudes y de las penurias que tendrán que soportar. Es comprometida con aquellos que lucharon y murieron por una España unida y libre y que hoy en día algunos se empecinan en dividir. Por último destacar que Ebro 1938 es una novela conmovedora que todo el mundo debería leer como reflexión.

domingo, 1 de noviembre de 2009

EBRO 1938 EN BARCELONA



PRESENTACIÓN DEL BEST-SELLER EBRO 1938

JUEVES, 5 DE NOVIEMBRE de 2009

El Corte Inglés de Portal de l'Àngel

Sala de Ámbito Cultural

6ª Planta

19:00 horas

Presenta Claudia Bürk

domingo, 18 de octubre de 2009

EBRO 1938 EN ZARAGOZA


Viernes. 23 de octubre de 2009.
Àmbito Cultural - El Corte Inglés
Paseo de la Independencia (Segunda Planta)
Zaragoza
19.30 horas
Presenta Santiago Morata

miércoles, 14 de octubre de 2009

RESEÑA DE EBRO 1938 POR LUIS VEA GARCÍA



Rubén García Cebollero ha escrito un libro profundamente triste pero a la vez enormemente vital. Rubén habla de los que no pudieron y a los que no les dejaron vivir, de esas vidas desperdiciadas en una contienda, de la inutilidad de la guerra. Y también de esa estúpida Europa que dejó que una generación se perdiera en un campo de batalla.

Rubén García Cebollero (1975) debuta en la novela con una historia que remuerde conciencias y que mordisquea los higadillos de los que ahora pretenden hacer una revisión de la historia tras ver Raza y no les reconcome la conciencia intentando ocultar la relación entre el Franquismo y el advenimiento del Nazismo. Y, seguramente, Rubén, no habrá deparado en que después de leer su historia uno se vuelve profundamente antieuropeo, porque desentraña todo el estiercol de las actuaciones de países tan "profundamente" democráticos como Francia e Inglaterra.

Por eso la novela de Rubén no es sólo que sea una buena novela, una gran novela -si me lo permiten-, además es muy oportuna para entender el advenimiento de una nueva generación de neofascistas. Pero la novela de Rubén García Cebollero no es solamente eso, además esconde un sinfín de vidas reales, de las que tienen nombre, de las que no hace falta imaginar, de juventudes perdidas y jamás recuperadas y también, para atizar a todos lados, demuestra la ingratitud de los que, devuelta la democracia a España y llamándose de izquierdas, no han sabido y no han querido recordar el sacrificio de una generación, de toda una generación y han mirado hacia otro lado.

No es hora de homenajes, es hora de dignidad y Rubén despedaza acción a acción y palabra tras palabra -y las palabras duelen, e, incluso, hacen llorar- la realidad vivida, la realidad no siempre ni entendida ni contada ni estudiada. Muchas veces oculta, otras tantas sublimada, incluso recreada y vendida desde el estranjero por relatos de otros que luego han sido considerados como grandes de la literatura como Hemingway.

Pero Rubén es más un Arturo Barea, es más un eslabón secuencial de quien ha heredado el pellizco de la guerra y ha tenido la inquietud de contarla, no sólo desde el punto de vista de vencedores ni de vencidos, también desde el punto de vista de adónde nos llevó, de las ilusiones que se perdieron en el camino. En eso no hay ni vencedores ni vencidos, algo que ya había leído a Barea.

Rubén es mucho más crudo y para ello no evita mancharse, ensuciarse, utilizar toda la violencia verbal de la que es capaz para recrear con realismo qué ocurrió en aquella batalla, en aquella larga batalla del Ebro. Y lo hace de maravilla con una puesta en escena que cambia constantemente de punto de vista, que rueda de personaje a personaje, personajes que son ya tan de carne y hueso como nuestros vecinos.

Rubén consigue algo más que una novela coral, consigue que la guerra hable por sí misma, a veces abusando de la enumeración, desasosegándonos constantemente, no dejándonos respirar ni un minuto para caer en el más cruel de los abismos donde incluso los amores se extinguen y las desgracias perduran por generaciones.

Rubén nos abandona a un texto emocionante, triste y a la vez un canto a vivir y a revivir la generación que no pudo hacerlo. Rememorando la historia de Maik, una de aquellas que se clava en la memoria de uno y que permanece, o la de Basilio y su correspondencia que jamás llegará a su destino.

Rubén nos vence con una narración que, además de no dejarnos respirar, nos conduce a revivir las desgracias de bombardeos, de metrallas, de pontoneros, de libertades traicionadas, de engaños furtivos de uno y otro lado, de mentiras, de derrotas, de fines, de historias que perduran. Y, sin embargo, cuánta ternura esconde la narración, cuánta delicadeza, cuánta lágrima derramada.

Rubén Garcia Cebollero descubre en la fiereza del paisaje destruido, en la desgracia de las vidas que no se vivieron la belleza de una narración serena, profunda y bien llevada.

Luis Vea García.

martes, 13 de octubre de 2009

RESEÑA DE EBRO 1938 POR VICENTE TORRES



Pensar que la guerra tiene vencedores no es del todo real. Esta es una de las ideas que se obtienen tras la lectura de este libro. Al conocer de cerca las inquietudes de quienes poblaban las trincheras, se percibe la realidad de las cosas. Y es que Rubén García Cebollero, en un intento tan poético como permite la guerra, cuenta la batalla del Ebro despacio, deteniendo el tiempo a veces, poniendo a los combatientes frente a nosotros, los lectores, con sus circunstancias, con su sed (algunos meaban en sus cantimploras y cuando se enfriaban bebían su orín), con su miedo.


La batalla se va librando en diferentes lugares, que se adivinan paradisíacos, por la cercanía del río, por la altura que van alcanzando, por las escarpaduras que se describen, y sobre esos paisajes caen las bombas, trayendo la muerte y la desolación, las arboledas son pasto de las llamas, el río parece llevar más sangre que agua, el hedor que desprenden los muertos llega a todas partes. Los chinches y los piojos campan a sus anchas.


En la novela no faltan las historias de amor (que en este caso no tiene más remedio que ser verdadero), rotas por los acontecimientos, en algún caso porque la guerra ha matado a los protagonistas, o parte de ellos, y otros porque los separa de forma irremediable y aunque se busquen no tienen modo de encontrarse.


Por lo menos, 17000 personas murieron en la batalla del Ebro y 75000 resultaron heridas. Son cifras que hablan por sí solas de lo encarnizado de los combates. Enrique Líster amenazaba con ajusticiar a aquellos de sus soldados que habiendo perdido un palmo de terreno no lo recuperasen inmediatamente. Este era el día a día de unos jóvenes, a veces imberbes, que se vieron abocados a una guerra sin sentido, de cuyas secuelas no se iban a recuperar jamás.


En la novela se adjuntan notas del gobierno alemán, fechadas a finales de 1938, en las que se reconoce que sin ayuda es imposible que las tropas de Franco resulten vencedoras. Se plantea también la pregunta, y probablemente no está fuera de lugar, acerca de lo que hubiera ocurrido en el mundo de haber sido otro el resultado de la guerra española. ¿Habría tenido lugar la guerra mundial?


Vicente Torres

sábado, 10 de octubre de 2009

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN EN BARCELONA DE EBRO 1938 EN BARCELONA



El próximo viernes 16 de octubre de 2009 se presenta EBRO 1938.


Lugar: Librería Bertrand (Rambla de Cataluña, 37)

Hora: 19.30

Presentador: Luis Vea García


¡¡¡Estáis tod@s invitad@s!!!



Aquí os dejo entrevista publicada en Letras (Fuengirola)/ nº15 /año 09/ octubre/ http://www.alvaeno.com/letras.htm Página 8

Entrevista a Rubén García cebollero, autor de Ebro 1938 Por Salvador Moreno Valencia
Hace unos años paseando por la orilla del Ebro a su paso por Zaragoza, me llamó la atención un hombre sentado con los pies hacia el río en uno de los puentes que atraviesan el curso del mismo. Era un puente moderno, de esos que parecen mantis religiosas dispuestas a devorar a sus machos tras la cópula. Me acerqué y en tono irónico le dije que no se tirara, que si tenía intención de suicidarse lo hiciera en otro lugar, o al menos esperase a que yo no estuviera presente. El tipo sonrío y me miró con suspicacia, y dijo que no pretendía acabar con su vida, pero que sí quería escribir sobre La Batalla del Ebro que a lo peor, dijo, es incluso más grave que el suicidio, escribirla, aclaró. En unos instantes estuvo de pie delante de mí. Un hombre alto, fuerte, con facciones bien armonizadas,ojos oscuros, tez morena… Podría ser este encabezamiento real, pero no lo es, sí lo es, sin embargo, el hombre que en él se describe, Rubén García Cebollero, un escritor natural de Vilanova i la Geltrú, y que tiene en su haber algunas menciones y premios tanto de novela como de poesía. Y para saber algo más sobre él, sobre el hombre, sobre el escritor, sobre su obra voy a hacerle unas preguntas. No se llamen a engaño, esta entrevista es vía e‐mail, aunque podíamos haberla realizado, por ejemplo en el Castillo de Miravet a cuyos pies tomó Robert Capa la foto de los soldados cruzando el Ebro.
Salvador Moreno Valencia: ¡Hola Rubén! Tu novela Ebro 1938 se presentará en octubre, pero llevas todo el verano con la promoción, ¿el tema de la guerra civil ha sido un buen filón para los escritores en estos últimos años?
Rubén García Cebollero: En plena guerra civil ya se escribieron grandes obras, como Valor y miedo, de Arturo Barea, o los cuentos de Rodoreda, o las crónicas de Hemingway, y desde entonces si se ha tratado la guerra civil es por muchos motivos,pero en mi caso no pensaba en filones ni en promocionar nada, sino en contar la historia de una batalla que marcó muchas vidas, y en la que confluyeron muchas emociones, ideas y esperanzas.
SMV: ¿Un homenaje a aquellos hombres y mujeres que lucharon en ella?
RUGAC: Es un homenaje a quienes lucharon en ella, y a quienes la padecieron, fueran del bando que fueran, y esperaran lo que esperaran de la guerra. Necesitaba comprender el odio que rebosa la guerra civil y que, por desgracia, causó heridas de difícil cauterización.
SMV: Para escribir la novela has debido investigar mucho, ¿cuánto tiempo te llevó escribirla?
RUGAC: Empecé en 1998 y, tras varias versiones, la presenté al Premio Planeta en 2004, donde fue finalista. No acababa de estar satisfecho y la estuve revisando hasta el 2008. Como decía Borges, los textos a veces no se terminan, se abandonan. Esta novela es un texto sensible, que iba más allá del corazón o de los números, y que representaba mucho más que otras obras que he escrito. La investigación con bibliotecas, lecturas, librerías de viejo, entrevistas, películas, documentales, canciones y demás ha sido una parte de mi vida, y lo sigue siendo, que espero sirva para preservar algo de la memoria histórica en favor de la paz.
SMV: ¿Hay algún motivo especial que te haya llevado a escribir sobre La Batalla del Ebro, a parte del histórico?
RUGAC: Sí, lo explicaba en ebro1938.blogspot.com, y la idea nació en 1998, en el 60 aniversario del paso del Ebro, al recordar una historia del bisabuelo, que combatió allí, que mi padre me explicaba. Algo sencillo: no podían fumar por las noches, porque el punto de luz del cigarrillo, en las trincheras, servía al enemigo para apuntar, disparar y matar. Era una estúpida forma de morir, y una muestra del odio que lo cegó todo.
SMV: ¿Son héroes o mártires los protagonistas de Ebro 1938?
RUGAC: Ni una cosa ni la otra. Y ambas cosas a su modo. En toda guerra hay actos heroicos, y en toda guerra hay mártires. Los protagonistas son personas de papel, o personajes de carne y hueso, según se mire que interactúan en un plano histórico real, y en un tiempo concreto, pero proyectado hacia el futuro, hacia la paz, y hacia el respeto.
SMV: Cuando se escucha Ebro, se suele relacionar con Zaragoza, por desconocimiento, evidentemente, de las tierras por las que cursa el río, ¿cómo es el Ebro que tú conoces?
RUGAC: El Ebro que conozco incluye también Zaragoza. De hecho hay un recurso técnico que proviene de la obra “Zaragoza”, de Galdós, y que venía a ser el reflejo de lo que el río provoca en mí: el Ebro somos todos. Cada vez que cruzo el Ebro, sea por el puente que sea, o en barcaza, no es lo que conozco sino lo que siento lo que cuenta, lo que respeto, lo que impresiona. Me siento como el viejo en el puente del cuento de Hemingway.
SMV: En 2004 fuiste finalista del premio Planeta de novela con La batalla de la Tierra Alta, bajo el título de Frente del Ebro 1938, ¿por qué dejas pasar tanto tiempo para que la novela sea editada?
RUGAC: Editar para mí no es tan importante como escribir. No escribo para ganarme la vida, así que el tiempo es relativo en la carrera literaria. Empecé a guardar parte de lo que escribía a los catorce, y nunca me he puesto fechas, aunque sí previsiones. Ahora, por ejemplo, estoy acabando una trilogía sobre almogávares, y pronto se publicará la primera de las tres novelas. Con EBRO 1938, en su momento, otras editoriales pudieron publicarla, aunque no les interesó, y a mí no me interesaba cambiar la historia para hacerla más comercial. Siempre he preferido ser fiel al respeto que cada obra merece. Hoy en día, en la estela de las “operaciones triunfo” y demás parece que el tesón, la paciencia y el esfuerzo no cuenten, pero la naturaleza sabe que todo tiene su ritmo, su porqué y su momento.
SMV: Escribes desde los catorce años, ¿eres un intelectual precoz?
RUGAC: Más que precoz diría tenaz, y más que intelectual, inquieto, curioso e inconformista.
SMV: ¿Entenderías el mundo si no escribieras?
RUGAC: Escribimos para entenderlo pero el mundo si no escribiera, para mí no sería el mundo. Escribir es manera de mezclar el conocimiento y la comunicación para, al menos, intentar desvelar algún misterio, algún atisbo, alguna razón que nos permita ser mejores, vivir mejor, o hallar un mínimo consuelo ante la muerte.
SMV: ¿Actor en los ratos de ocio?
RUGAC: Sí, de cortos y de teatro (Katharsis Teatre) pero más por amistad que por vocación. Uno debe ser el primero en reconocer qué se le da bien, y qué no, y debí perderme algunas clases de ocio de Barrio Sésamo, así que supongo que debo ser uno de los peores actores, sino el peor, que conozco. Lo que pasa es que, rodeado de buenas actrices, como es el caso, cuesta mucho que se note.
SMV: ¿Con cuál personaje de Blade Runner te identificas?
RUGAC: Uff… menuda pregunta. Si hay que optar entre ser un replicante o un humano, prefiero ser el personaje de Deckard (Harrison Ford) aunque la frase que más me gusta es la de Roy, antes de morir.
SMV: ¿Harry el sucio?
RUGAC: Clint Eastwood es un excelente actor, con algunas películas no tan buenas, pero si tengo que escoger entre sus trabajos antes que Harry prefiero a Josey Wales (El fuera de la ley) en la guerra civil americana.
SMV: ¿Qué harías para acabar con las diferencias sociales?
RUCAG: Hacerme presidente del gobierno, pero no sé quién me convencería porque, por desgracia, sabría bien qué hacer y, por desgracia, quienes suelen acabar mandando no son nunca quienes deberían, sino quienes parecen los mejores entre los menos malos. He estudiado Derecho, Humanidades y aún he de acabar Publicidad y Relaciones Públicas, y seguir estudiando y escribiendo, si puedo, pero las diferencias sociales no pueden acabar por una única persona, sino porque un líder consiga aglutinar un cambio de mentalidad y que valores en teoría buenos, por ejemplo, los cristianos, los marxistas, los éticos se impongan a partir de la sociedad y no al revés.
SMV: Volvamos a Ebro 1938, ¿qué esperas del lector ante una novela histórica como esta?
RUCAG: Espero que el lector busque algo diferente, que quiera leer una sucesión de historias dentro de la historia, que quiera saber, vivir o desvelar algo en lo más profundo de su ser que lo lleve a entender mejor lo incomprensibles que son las guerras, que siempre estamos en manos de una minoría a la que nada interesa la mayoría, y que sólo se vive el tiempo que se ama.
SMV: ¿Eres un apasionado de la literatura histórica?
RUCAG: Soy un apasionado de la literatura, en todos sus géneros. Desde la poesía, para la que nunca suelen correr los buenos tiempos, pero que es la cuna de nuestra civilización occidental, hasta la microficción, el relato y la novela. Como es natural, me apasiona la literatura histórica que, según en manos de quien, puede ser más o menos histórica, y más o menos literaria, y por eso estoy redactando unos apuntes de novela histórica con la opinión de otros/as escritores/as, a los que debo agradecer su generosa colaboración, la experiencia y la buena acogida.
SMV: Rubén te doy las gracias en mi nombre y en el de Letras (Fuengirola), por tu amabilidad al prestarte a responder estas preguntas, te deseo lo mejor con tu libro Ebro 1938, que espero leer con pasión. Una última pregunta, ¿eres de los que nunca se rinden?
RUCAG: Sin duda: soy de los que nunca se rinden. De los que saben que todos morimos, pero que la forma en que lo hacemos nunca dice lo mismo. Y que recuerda a Baroja (si quieres hacer algo en la vida no creas en la palabra imposible), a Cela (el que resiste gana), a Rodoreda (la vida está en los detalles), y a tantos otros para seguir alentando obras literarias que piensen más en el/la lector/a que en las cifras, las fotos y las ventas. Gracias por vuestro interés, y ojalá disfrutéis tanto la lectura de EBRO 1938 como disfruté yo creándola, recreándola y sintiéndola.
http://ebro1938.blogspot.com/

martes, 6 de octubre de 2009

miércoles, 30 de septiembre de 2009

EBRO 1938. Una entrevista;)




http://es.globedia.com/ebro-1938-entrevista-ruben-garcia-cebollero-novelista-poeta_1

domingo, 20 de septiembre de 2009

EBRO 1938 La quinta del biberón




La imagen pertenece a "La quinta del biberó. Els anys perduts" de Emma Aixalà, y reproduce la portada del 27 de julio de 1938, de La Vanguardia, en la que el ejército republicano cruza el Ebro.


En EBRO 1938 aparecen también algunos "biberones" que, como explica Aixalà, entre otros/as, iban al frente con la ropa de soldado, la mochila, un cubierto, un plato, un vaso, una manta y un fusil.


A algunos les tocaría dormir bajo la lluvia, a otros tender cables o hacer funcionar teléfonos, tras los gritos de la instrucción, breve: Un, dos, un, dos, media vuelta, izquierda, derecha.


Algunos padecían los discursos políticos de los superiores, o las primeras borracheras con los compañeros.


En La Fatarella recordarían el fuerte olor a vino que desprendían las calles. En la Punta Targa el comisario Portal daría 4 horas a los del Tercio de Requetés para que retiraran a los muertos, y heridos, caídos en las alambradas de Cuatro Caminos.

A algunos se les llagaron las manos por cavar aquell áspera, seca y rocosa tierra en la que costaba conseguir un centímetro, para construir parapetos, trincheras y refugios.


En la calle principal de Corbera había una bodega con enormes tinajas, que algunos visitaban cada día. Otros se deshidrataban en Pandols y Cavalls.


Existen tantas batallas como combatientes hubo. O más. Así que ahora recordaré una que recogía el 25 de julio de 2008, La Vanguardia, en la boca del señor Eudald Vila.


Eudald contaba: "De los 800 miembros de mi batallón, ¡una semana después de cruzar el río... ya sólo quedábamos 350! Lo peor fue el calor, la sed espantosa. El olor a cadáver. Nuestro pánico bajo bombas, granadas, balas... Tomábamos una cota, y éramos dianas. El 24 de septiembre llovían obuses y fuego. Avanzábamos saltando de cráter en cráter. Y una ráfaga separó la cabeza del cuerpo de un compañero a pocos metros. Otro cayó sobre una bomba y su cuerpo voló descuartizado, y sus despojos colgaron de las ramas de un olivo. Oías gritar ¡madre, madre! entre los chicos que caían. Yo sólo he llorado una vez en mi vida: el día que un amigo herido me decía adiós al ser evacuado en camilla. ¡Que solo me sentí allí en aquel momento!".

Hay historias que deben ser contadas. Siempre. Que deben recordar lo inútil que es la guerra. Que deben recordarnos, pese a todo, que hay quien nunca se rinde.

domingo, 6 de septiembre de 2009

EBRO 1938. Las brigadas internacionales



La foto fue publicada en La Vanguardia del domingo 30 de octubre de 1938. Al pie decía: "varias de las gloriosas banderas de los batallones internacionales".



En EBRO 1938 la presencia de las brigadas internacionales destaca en el capítulo de su despedida, pero también en el resto de la novela. Debo agradecer la labor de historiadores como Angela Jackson, y su "Més enllà del camp de batalla", César Vidal y "Las brigadas internacionales", Rémi Sloutelsky por "Novedad en el frente", Peter N. Carroll por "La odisea de la Brigada Abraham Lincoln", Chris Henry por "The Ebro 1938", o "Las brigadas internacionales" del CEDOBI, lo mismo que la memoria de brigadistas como Artur London ("Se levantaron antes del alba"), o Alun Menai Williams, que en paz descanse, con su "I vaig tornar a creuar l'Ebre", entre otros.


El historiador francés, Rémi Skoutelsky, iniciaba el capítulo segundo de su citada obra con una frase de Vladimir Jankelevich: "hay que empezar por el principio, y en el principio está el coraje".


En el final podríamos poner lo que escribió Edwin Rolfe: "Hombres de todos los rincones yacen aquí unos junto a otros, en paz ahora después de la crucial tortura del combate".


Dolores Ibarruri, La Pasionaria, les despidió diciendo: "Vosotros sois la Historia. Vosotros sois leyenda".


En la sierra de Pàndols un monolito, construido por Percy Ludwig y los de la XV Brigada, aún sigue recordando a los voluntarios, de 53 naciones, que intentaban defender los principios de libertad y convivencia internacional.


Uno de ellos, Sol Frankel, a los 87 años, sin poder mover el brazo derecho a causa de un balazo recibido en el Ebro, comentaba: "Perdimos la guerra, sí, pero si volviera a nacer volvería a luchar contra el fascismo". Estaba orgulloso de haber peleado junto a los republicanos, decía, con la cabeza alta.


Pero muchos nunca volvieron. Por ejemplo, los del batallón Vaillant-Couturier, que entre Amposta y el molino de arroz, cruzaron el Ebro. En la otra orilla recibieron fuego de ametralladoras y bombas de mano. Ni uno solo regresó.


Tampoco volvieron la mayoría del batallón Commune de París. Aunque consiguieron establecer una cabeza de puente, de unos cuatrocientos metros, fueron contraatacados, se quedaron sin municiones, y al llegar la noche no eran ni 100 de 800 los que aún estaban vivos.


Milton Wolff, el Lobo, diría años después: " de nuestro batallón (el Lincoln) formado por 3.000 hombres, 900 están enterrados en tierra española".


Con 27 años, el matemático David Guest falleció cerca de Mora de Ebro. En una carta a su madre decía: "Esta es una de las batallas más decisivas que nunca se hayan dado para el futuro de la raza humana, y todas las consideraciones personales se esfuman ante tal hecho".


En silencio sabemos que hay quien nunca se rinde.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

EBRO 1938. La foto de Miravet



Quizá sea la foto más famosa del paso del Ebro.


Hay otra foto en la que los soldados y las barcas republicanas cruzan el Ebro. Como explica Oriol Junqueras, en La batalla de l'Ebre, la conferencia que después publicó en 2007 Edicions La Guineu, la foto es falsa y se tomó una vez ya había comenzado la batalla.


Robert Capa toma una barca con soldados y los pone allí en medio para lograr una hermosa foto, con el privilegiado entorno de Miravet, y su castillo al fondo. La foto de los soldados que cruzan el río.


Lástima que ningún soldado en su sano juicio cruzara el río por allí, en ese punto, donde los márgenes del Ebro son altos y escarpados. Lástima que en Miravet el paso se hiciera por otro lugar, por el Paso de Barca, mucho más plano, que atravesó la 9a Brigada.


Como explica Joan Massana, en Memòries d'un soldat de l'exèrcit popular, las tropas pasaron por un cañizal inmenso y muy espeso. Alrededor de las 2 de la mañana. Los nacionales se refugiaron en el castillo, que estaba fortificado y tenía dos líneas de alambradas. Se rindieron. Había moros del Tabor de regulares, y tropas del 50 batallón de la 150 brigada.


Joan Massana vio como moría Tomàs Estella, bajo la ráfaga de ametralladora que le descargó un sargento moro. El capitán, Bartolo, le disparó e hirió, y éste se refugió en la parte trasera del castillo. El capitán y dos soldados más lo persiguieron, y lo mataron junto a otra persona más. En el castillo quedaban los prisioneros, y abundante material de guerra.


Pero hay muchas más historias, en Miravet, y en EBRO 1938. Porque todos sabemos que hay quien nunca se rinde.

martes, 1 de septiembre de 2009

EBRO 1938. La guerra en el aire



La foto es del libro "La guerra en el aire". Son pilotos alemanes, de la Luftwaffe.


Según "la guerra en el aire", el Stuka era un proyecto de Ernst Udet, quien compró en Estados Unidos dos Curtiss Hawk de bombardeo en picado con treinta mil dólares que le proporcionó su jefe y amigo Herman Göring... Fue idea del propio Udet colocarles las agudas sirenas llamadas "Trompetas de Jericó", que producían un estridente sonido, que ocasionada mayor pavor y motivaba que los defensores tiraran las armas y huyeran.


En el Ebro hubo Stukas que, "por su carácter secreto sólo pilotaron los alemanes que se los llevaron cuando se acabó la guerra".


Hace unos años le preguntaron al Lobo, a Milton Wolff (autor de "Otra Colina) y brigadista internacional en el 38, qué lección se llevó de aquellos años. Y Wolff respondió: "Tienes que jugar a todo o nada, hasta los cojones, como dicen aquí. No puedes quedarte a medias".


Quizá, por eso, aunque sea bajo los Stukas, en EBRO 1938 hay quien nunca se rinde.

sábado, 18 de julio de 2009

EBRO 1938. Los personajes (Carmela Miró Winkler)



La imagen pertenece al libro "Perill de Bombardeig! Barcelona sota les bombes (1936-1939)", de Santiago i Elisenda Albertí, publicado en 2004.


La imagen pertenece al resultado de uno de los bombardeos que los Savoia S81, que bendecía el Papa, perpetró sobre Barcelona.


En Ebro 1938 Carmela Miró Winkler, una bibliotecaria del SBF (Servicio de Bibliotecas del Frente) refleja lo que vivió la retaguardia, la Barcelona del 38, como bien documentan Santiago y Elisenda Albertí al referirse a uno de los bombardeos que afectó a las calles Provenza, y Aragón:


"casas desplomadas, árboles por el suelo, agujeros fantásticos, las barandas de la vía del tren de la calle Aragón caídas, galerías hechas añicos, vidrios rotos por todas partes"...


"todos los vidrios de casa estaban rotos y muchos clavados como flechas en la pared del fondo de las habitaciones, ya que la presión del aire es tan fuerte que los vidrios son arrastrados con violencia"...


2/3 de las víctimas de los bombardeos acostumbraron a ser mujeres y niños. Las bombas caían "deliberadamente" en el centro de Barcelona, donde la gente comía, paseaba, o descansaba en sus camas, y en muchos casos los niños volaban en pedazos, y en otros las bombas les vaciaban las entrañas.


Carmela Miró, de los Servicios de Cultura del Frente, primero verá el frente en los diarios. Después, casi lo tocará. E irá más lejos por el brigadista internacional Maik O'Donell Berger, conductor de ambulancias, voluntario de la brigada Lincoln.


Pese a la guerra los sentimientos viven, nacen, mueren. El amor debe derribar barreras, no puede limitarse a mirarlas y sentir que son demasiado altas o demasiado difíciles de escalar. Con Carmela sabemos que, salgan o no bien las cosas, hay quien nunca se rinde.

martes, 14 de julio de 2009

EBRO 1938. Los personajes (Diego Zaldívar)




Diego Zaldívar pertenece a la Tercera Escuadrilla de cazas republicanos, a las órdenes de Bravo, que lleva en su cola por símbolo una ficha de dominó, el seis doble; aunque a Diego le gustan más los de la Cuarta y Séptima que lucen en sus colas a un simpático Popeye. Se formó como piloto en la academia rusa de Kirovabad, Azerbaiyán.

Diego luce una cazadora negra con elásticos y cuello de piel, unas botas katiuskas y los ojos perdidos en su inquietante campo de visión. ¿Dónde está el enemigo?


Diego pilota con sus botas, cuya suela es de goma, y sus gafas de cristal inastillable y teñido. Ahí están los fiat y los Me-109.


Resulta inevitable al pensar en el Ebro no hablar de la aviación. Aunque habrá tiempo de hablar de otros aviones y de otros pilotos, he querido recordar las peripecias de Diego Zaldívar, sobre el frente del Ebro. Debo agradecer "Combate sobre España (memorias de un piloto de caza)" de José Larios (Editorial San Martín, y otros libros como la "Galería de aviones de la guerra civil española (1936-1939) de Juan Abellán García-Muñoz (Ministerio de Defensa - Instituto de Historia y Cultura Aeronáuticas).


En EBRO 1938, la batalla de la tierra alta, Diego Zaldívar pilota su I-16, su polikarpov del tipo 10, pisa la barra del timón, y lo tuerce hacia donde hace falta.
En el cielo que cubre la batalla combate Diego, y sabemos lo fácil que es, como decía Marco Aurelio, que nuestras vidas se pierdan en instantes:


Un instante y habrás olvidado todo; otro, y todos te habrán olvidado.



Sin embargo, hay quien nunca se rinde.